Nuestro imperativo humanitario

Tal y como se plantea en la Carta Humanitaria, es nuestra convicción, que el derecho a recibir y brindar asistencia y protección es un derecho humano esencial que asiste a toda persona, especialmente a las más vulnerables, afectados por desastres, crisis súbitas o de lenta evolución, conflictos armados u otra condición adversa.  El respeto de la dignidad humana significa que debemos estar preparados para brindar protección y apoyo sin impedimentos cuando las personas lo necesiten.

El derecho a vivir con dignidad relativo al derecho a la vida, al derecho a un nivel de vida adecuado y al derecho a no ser sometido a tortura u otros tratos o penas crueles inhumanos o degradantes es también particularmente atinente con este imperativo, lo que lleva implícito el deber de no rehusar ni impedir que se preste la asistencia necesaria para salvar vidas.  La dignidad va más allá del bienestar físico; exige el respeto de la persona, con inclusión de los valores y las creencias de los individuos y las comunidades, y el respeto de los derechos humanos que les corresponden, entre ellos la libertad, la libertad de conciencia y las prácticas religiosas.

En un complejo y turbulento panorama humanitario global como el actual, la Cruz Roja Costarricense entiende que como miembro del Sistema Nacional de Gestión de Riesgo y del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, le asiste el mandato de inspirar y constantemente renovar su compromiso con la humanidad y la universalidad de los principios humanitarios para coadyuvar a reducir su sufrimiento y afectación, favoreciendo la preparación y capacidad de respuesta a desastres y crisis de las comunidades a las cuales sirve, así como con la promoción de la resiliencia comunal e institucional para mejor enfrentar las crisis y reducir sus efectos.

Por esta razón, es que guían su accionar la conciencia y práctica de salvar vidas, proteger los medios de sustento y apoyar la recuperación después de desastres y crisis, colocando a las personas afectadas en el centro de la acción humanitaria, brindando asistencia en proporción con las necesidades, las capacidades locales y las acciones del Estado. Reconocemos que su participación activa es esencial para que podamos prestarles asistencia de la manera que mejor se adapte a sus necesidades, incluidas las necesidades de las personas vulnerables y de aquellas que están socialmente excluidas.

Los ejes de acción y mecanismos de respuesta son adaptables a las circunstancias, pero implican al menos acciones de atención, búsqueda y rescate de víctimas, provisión de alimentos y agua en calidad y cantidad suficiente, alojamiento temporal adecuado, así como los medios necesarios para mantener la salud, todos ellos elementos que se garantizan expresamente en el derecho internacional.

Nuestro modelo de operación está sustentado en la colaboración de voluntarios con arraigo en la comunidad, las actividades que definen su rol auxiliar con el Estado en el ámbito humanitario, la proximidad a las personas con quienes colaboramos y en sus redes nacionales y globales de solidaridad.   Adoptamos en toda su extensión, el Código de conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales

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